Skellig Michael – Sceilig Mhichíl -Un Monasterio entre el Cielo y el Mar-

Es un lugar increible, imponente, un tesoro mas con el que nos sobrecoje nuestra verde Erin. Se trata de  Skellig Michael, -Sceilig Mhichíl,  en irlandés- uno de los más enigmáticos y distantes lugares sagrados de toda Europa.

 

Una isla rocosa a unos 15 Km.  frente a Portmagee   en la costa  suroeste  del condado de Kerry. En la cumbre de esta impresionante roca se encuentra un asentamiento monastico del siglo VI.  En este increible lugar  se cree que fue  St. Fionán quien fundó  el monasterio en el año 588, monje que pertenecia a la comunidad de St. Brendan el Navegante.  

 

 

Un monasterio celta irlandés, que está situado casi en la cumbre de la roca, rodeado por el océano Atlántico y donde los monjes vivieron 600 años.  Pero, incluso aquí, en este remoto lugar no fueron capaces de escapar de los vikingos que  saquearon el monasterio en el siglo IX  y varias veces después. También conocido como Gran Skellig, es uno de los más fantasticos  y aún menos accesibles monasterios medievales.

El pequeño grupo de seis choza (clochans), dos oratorios y pequeñas terrazas, se encuentra  a 200 metros sobre el nivel del mar, después de una fuerte subida de 600 escalones de piedra. Orientado hacia el sur y al abrigo de los vientos, el sitio fue utilizado por los monjes ermitaños para alejarse de la vida normal y hacer una vida contemplativa, y de oración.

 

Las cabañas  estan construidas del unico material posible, la misma roca. Vistas desde el exterior parecen ser redondas, pero  sus interiores son rectangulares con paredes curvándose hacia adentro para formar un  techo voladizo,  y hay  unos  estantes que utilizaban  para dormir, y una especie de basares  adosados en las paredes. Construyeron en la piedra terrazas alrededor de las cabañas y  fueron utilizadas para el cultivo de hortalizas, que junto con los peces del mar y los huevos de  las abundantes aves, fueron los principales suministros de alimentos de los monjes. En una cima rocosa más arriba en la punta sur de Skellig, llamado el ‘Needle’s Eye " -El ojo de Aguja-, hay un oratorio, inaccesibles hoy, que fue  destino de peregrinación, incluso después de que los monjes abandonasen el lugar.

 

El monasterio fue abandonado alrededor del año 1100. A partir del año  1500, Skellig Michael se convirtió en un popular destino de peregrinaciones anuales, pero no atrajo nunca mas a residentes permanentes.

 

Subir a la cima, se convierte en un reto, sus 600  escalones lo forman  un camino  mucho mas precario de lo que me habia imaginado,  a veces dejando sólo acantilados escarpados al borde del camino que al no  ser  excesivamente anchos, no sé creo que como  un metro, quizá  tenga  mas, pero a mi no me lo parecio, la verdad que la sensacion  es muy fuerte,  se diria que esta como hace 1ooo años, y no hay barandillas, en algunos otros tramos, el ascenso es igual de agotador, pero un poco menos impactante. eso sí, el acompañamiento de algunos frailecillos  hace el ascenso mas agradable.

 

 

 

Para mi fue maravilloso  llegar a la cima, aun con el esfuerzo que supone, es impresionante el entorno natural, la belleza, y la vida silvestre  que desde  alli  se disfruta. Frailecillos y otras aves tienen sus nidos por todas partes de la isla. y no parece que se asusten de las personas.

Imagino como sera una noche  aquí, en una de las cabañas, con lluvia y en otras ocasiones con luna llena, o con una noche  muy estrellada..Se que  es imposible, por que no dan permiso para quedarse en la isla. Me conformo  con haber ascendido por esta escalera hacia el cielo.

 

 

 

Patrimonio  del mundo por la  UNESCO en 1996.

 

 

Howth & Ireland’ Eye

Howth es una pequeña península situada en el extremo  norte de la bahía de Dublín,  el pueblecito del mismo nombre tradicionalmente pesquero y  muy pintoresco, tiene la peculiaridad que aún siendo pequeño su paisaje es lo que se espera de Irlanda… verdes praderas que terminan en el mar en preciosos acantilados.

Está muy cerca del centro de  Dublín, y es por ello que en los  últimos tiempos muchos dublineses han decidido vivir allí, también su encanto y tranquilidad han contribuido.

Tiene un puerto pesquero.. que en tiempos fue importante para Dublín pero que ahora, solo se utiliza para la pesca local y como puerto deportivo. Cerca del puerto pesquero, y en sus muchos restaurantes y pubs…hay toda clase de mariscos y pescados fresquisimos.

Hacer un paseo hasta el  faro, es algo que no debemos perdernos…pero las vistas mas fantasticas se disfrutan desde lo alto de la colina, se llega en un agradable paseo…y como recompensa…podremos disfrutar  en días claros de  divisar  Dublín, toda su  gran  bahía,  y la parte de la costa norte de la propia península. También desde  lo alto de los acantilados, las vistas  son impresionantes, hay que tener cierta precaución de no asomarse demasiado…es posible que desde aquí se vean algunas focas…pero sino  hay suerte, en el puerto es  facil encontrarlas.

 


Como comenté a nuestra amiga Ojosdeirlanda…Desde Howth se puede ver una pequeña isla.. justo  enfrente de la península….la llaman  Ireland’s Eye. -Ojo de Irlanda-

Como ya te conteste en el comentario….poco mas te pudo contar sobre  Ireland’s Eye… , por que  realmente   es una islita pequeña  muy pequeña…casi un islote que tiene gran interés para las  personas que les gusta observar a las aves, pues allí  se reunen muchas variedades. 


Solo y como curiosidad…comentar que esta islita…me recuerda a la que el escritor Edward Rutherfurd, en su  libro "Príncipes de Irlanda" situa a dos de los personajes de la  historia… Pero esto es solo una suposición mia, teniendo en cuenta la situación que describe este escritor sobre el lugar.

 

Anne Bonny – Una Pirata Irlandesa-


En el transcurso de los siglos XVII y XVIII algunas jóvenes atractivas, cuya belleza fue testimoniada por quienes las conocieron, fueron temidas en las marítimas rutas comerciales de los mercaderes europeos.

Es sabido que hay mucha leyenda sobre piratas que fueron rumoreadas de taberna en taberna a lo largo de los tiempos, pero la existencia de estas temibles piratas está documentada mediante ordenes de busca y captura, actas de juicios, dejando sin duda que algunos barcos fueron capitaneados por mujeres.

Una de estas mujeres fue la Irlandesa Anne Bonny.

Anne Cormac nació en una poblacion cercana a Cork, Irlanda, en 1698, fue hija ilegítima de un importante abogado irlandés, William Cormac y de la criada de la familia, Mary Brennan. Después del escándalo, sus padres marcharon a Charleston donde su padre ejerció como abogado y mediante importantes inversiones económicas en distintas plantaciones, volvió a amasar una gran fortuna.

Anne era una niña con mucho temperamento, vivió una adolescencia alejada dela pobreza y recibió una educación correcta. Pero aun así su naturaleza rebelde hizo que no se adaptase a lo que en aquellos tiempos era lo normal en una mujer…es decir… casarse y cuidar sus hijos, tal idea parece que jamás agradó a Anne, que montaba a caballo y usaba las pistolas mejor que muchos muchachos de su edad. El genio de Anne era bien conocido y se cuenta que cuando era una adolescente apuñaló a una criada inglesa de la plantación.

Aburrida de la vida tranquila en la plantación de su padre, Anne buscó nuevas aventuras. Al cumplir dieciséis años se enamoró de un antiguo pirata llamado James Bonny. Se casó con él y adoptó así el nombre de Anne Bonny. Al parecer, James había planeado robar la plantación de William Cormac a través del matrimonio con su hija, pero el padre de Anne lo descubrió y la desheredó. Tras esto James Bonny y Anne abandonaron la ciudad y se dirigieron en un pequeño barco a New Providence en Bahamas. La leyenda cuenta que como venganza, Anne quemó la plantación de su padre, aunque este hecho no consta en ningún documento de la época.

James Bonny en New Providence (actualmente Nassau), se convirtió en el informador del gobernador Woodes Rogers en su lucha contra los piratas. Esto le hacia estar fuera de Nassau mucho tiempo.La joven Anne era amada por muchos y envidiada por casi todas. Sola en casa y hambrienta de aventuras,Anne conoció a Chidley Bayard, uno de los hombres más ricos del caribe y del que se encapricho.

Cuentan que el adinerado Bayard, viajaba en compañia de su amante Maria Vargas, una española de dudosa reputación, y de un carácter tan violento como el de Anne. El carácter de ambas mujeres las hizo acabar en un sangriento duelo a muerte delque Anne salió victoriosa.

Tras ello comenzó a viajar con su nuevo amante disfrutando de su dinero y gozando de un nivel de vida que le resultaba mas que agradable. Pero sus aventuras con Chidley Bayard terminaron pronto, debido a un altercado en una fiesta en la mansion del gobernador de Jamaica, donde la hermana de este se burlo de Anne, y Anne sin pensarlo dos veces le agredio con un tablón de madera rompiendole todos los dientes.

Despues de este incidente Bayard decidio separarse de Anne considerando que era una fuente de problemas, y ella volvió New Providence, y mientras su marido seguía en alta mar continuo con sus conquistas. Fue entonces cuando conocio a un pirata de verdad. Y no uno cualquiera, sino uno de los mejores: John Rackham, alias Calico Jack, a quien se atribuye la autoría de la bandera con dos tibias cruzadas bajo una calavera. Un clásico. Anne comenzaba a estar en su salsa y se enamoró nuevamente. Entonces Anne y Jack decidieron huir y volver a la piratería.

Durante aquel año ambos viajaron en la tripulacion dando pequeños golpes.

Fueron grandes días para Anne y Jack, dias que marcarian sus vidas. Cuando Anne se quedó embarazada, Calico Jack la llevó a Cuba y la dejó en compañía de unos amigos para
dar a luz a su hijo. Anne esperaba tener una niña que la ayudara a establecerse en tierra, pero el bebé nació dos meses antes de lo previsto y murió al cabo de una hora de nacer. Anne estaba destrozada por la pérdida de su hija cuando Jack la fue a buscar y se la llevó a New Providence para que se recuperara.


A su vuelta, gracias a los contactos y amistades que tenía en la isla, Anne supo que su marido James era consciente de su engaño con Ja
ck y que había denunciado el caso al gobernador. Pero casualmente también llegaron a sus oídos los rumores de un complot contra la vida del gobernador. Anne no dudó entonces en avisar de tales planes al mismo, con lo que se ganó su favor. Por este motivo, al volver de alta mar su marido James, el gobernador fue indulgente con el adulterio de Anne con Jack y sugirió a este último que pagase al marido por el divorcio con la chica. Pero James se negó a aceptar el acuerdo y entonces, la pareja, antes de que el gobernador cambiase de opinión, se decidió reunir una tripulación, para después robar un barco en el puerto, y partir a alta mar reanudado así su carrera en la piratería, pero esta vez al mando de su propio barco.



Anne vestía ropas masculinas, era experta en el manejo de las pistolas y del machete y era considerada tan peligrosa como cualquier hombre pirata. Jack acogía a marineros de barcos capturados como tripulación forzosa para sus barcos. Un joven marinero capturado llamado Mark Read resultó ser una joven inglesa cuyo nombre era Mary Read. Rackhan permitió a Mary continuar con su disfraz y unirse al grupo. Ambas se hicieron muy famosas por sus múltiples hazañas en el mar y por demostrar más valor que muchos hombres, lo cual se demostró en su última batalla.

En octubre de 1720, la recompensa por sus cabezas era bastante elevada. El gobernador de Jamaica se enteró de la presencia de Calico y envió un barco armado para capturar al capitán y a la tripulación. La nave de Calico, llamada "Revenge" (Venganza), fue cogida por sorpresa y cuenta la leyenda que precisamente fueron las dos mujeres Anne y Mary las últimas en caer. Permanecieron en cubierta luchando como diablos hasta que fueron capturadas por a fuerza mientras los demás piratas se emborrachaban en sus camarotes.

Tanto Anne como Mary conocían la ley inglesa que prohibía colgar a una mujer embarazada y por eso hicieron llamar a un doctor que confirmó que ambas eran mujeres y que estaban embarazadas de unos seis meses. Entonces el tribunal ordenó que serían juzgadas por separado después de que dieran a luz, pero igualmente fueron condenadas a la horca.

Mary Read escapó de la horca al morir de una fiebre mientras estaba en la cárcel. Anne, sin embargo, recibió varios aplazamientos de su ejecución hasta que misteriosamente desapareció de los expedientes oficiales. Se cuenta que la noticia de la captura de Anne Bonny dio la vuelta al mundo, y llegó hasta los oídos de su padre quien junto a un procurador enamorado a quien Anne había salvado la vida (al liberarlo tras la captura de su barco) intercedieron para adquirir su libertad económicamente.

Una historia paralela cuenta que el indulto de Anne Bonny fue logrado no por la intervención económica de su padre o sus admiradores, si no por una carta que recibió en su domicilio el gobernador de Jamaica, en la cual estaba escrito:

"Si Anne Bonny no es liberada inmediatamente será mejor que se preparen desde Port Royal hasta Kingston para el trueno de los cañones de mis barcos".

Tal misiva estaría firmada por Bartholomew Roberts uno de los mayores piratas de todos los tiempos.

En su vida como pirata, se sabe que luchaba igual o mejor que cualquier hombre, y no hubo pirata que pusiese en duda su valía.

Algunos datos han sido extraidos de la Wiki.

Glendalough -Gleann dá Logh- Valle de los dos Lagos

Otro lugar para perderse….


En Wicklow, al sur  de sus montes, donde todos los paisajes y colores de Irlanda se concentran, donde solitarios valles, bosques, lagos  y senderos secretos se suceden,  a veces entrecortados por verdísimas praderas… se encuentra uno de los lugares más místicos, y bellos de Irlanda. Es uno de mis lugares favoritos… pocas cosas  hay como pasear por algunos de estos senderos solitarios…oliendo a hierba y tierra mojada…o caminar al borde de cualquiera de sus lagos. Es una maravilla…  

La  belleza romántica y apacible de Glendadough " El valle de los dos Lagos" parece apartado del mundo… como protegido por sus montañas, este mágico lugar atrajo en el siglo VI a un piadoso ermitaño.. san  Kevin

Kevin, se hizo su casa en una caverna a orillas de uno de los lagos, el que esta situado mas arriba del valle, sentando a su pesar las bases de una gran y gloriosa ciudad monástica.  Esta  caverna – Saint Kevin’s Bed- es accesible en barca.

La mayoría de las construcciones se concentran cerca del lago inferior, en la ciudad monástica. Se  accede a través de la antigua puerta,  el edificio que servia de entrada al monasterio, y desde allí atravesando el cementerio, que bueno… a mi me parece precioso con aquellas piedras y cruces de tantos siglos…bueno es que así contado no se hace uno la idea de lo que se siente estando allí…pues cruzando este cementerio, se llega a la catedral la mas grande de las iglesias de Glendalough construida en el siglo X. Todavía hay tallas originales, aunque me contaron que muchas  han desaparecido.

La torre circular – Round Tower-es la mas conocida de Irlanda, tiene 30 metros de alto, servia de torre de vigía.  En caso de ataque, la pequeña comunidad monástica, se refugiaban en el interior con la ayuda de una escalera de mano…pues la puerta está a tres metros del suelo.  La  leyenda dice que en tiempos de las invasiones vikingas  los monjes escondían  allí su oro.


Cerca, esta el lago de Luggala, también se conoce por  Lough  Tay.  Es uno de los paisajes mas bonitos, aunque es difícil  catalogarlo así  entre tanta belleza….es impresionante ver este lago al alba o al crepúsculo. El lago se extiende en el fondo de un pequeño valle rodeado de altas colinas salvajes. es de una belleza sobrecogedora.

Alguna vez me han contado, que su forma evoca vagamente un  arpa -símbolo de Irlanda-  En una de las orillas, detrás de un  grupo de árboles se esconde una casa de campo irlandesa de la que se adivina apenas la silueta, se trata de Luggala Lounge, el antiguo  pabellón de caza de la familia Guinness -los celebres cerveceros-. Lo mas curioso es que las aguas negruzcas del lago  terminan en una playa de arena color crema….. el conjunto evoca  así una pinta de Guinness…
casualidades….

En 1951 el director de cine John Huston …(del que también escribí en entradas correspondientes al cine de Irlanda) vino   por primera vez a Irlanda invitado por lady Oonagh Oranmore, una de las tres hermanas Guinness. Pasó sus primeras noches en esta mansión construida por los antepasados de lady Oonagh: dice Huston "Al día siguiente, al alba, fui a la ventana y vi un espectáculo que no he olvidado jamás. A través de los pinos descubrí, a orillas de un arroyo, una vasta extensión  cubierta de caléndulas naranjas y más allá !sorpresa! una playa de arena blanca bordeando un lago negro. Supe después que la arena había sido traída de una orilla del mar de Irlanda.  El lago  estaba dominado, vertiginosamente, por una montaña de roca sombría que envolvía como un chal un brezal púrpura. He vuelto a menudo a Luggala, pero esta primera impresión me quedó grabada para siempre. Desde ese instante, Irland
a  me había conquistado".

 
En este lago de Luggala, fue rodado el principio de la película Excalibur – la espada que sale del agua- y el fin de la historia, cuando Perceval la tira a las sombrías aguas del lago.  El combate entre Arturo y  Lancelot, tuvo lugar también en otro rincón de mi queridísimo  Wicklow, un lugar muy bonito que se llama Powerscourt.



Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde -Escritor Irlandés-

Oscar Wilde nació en Dublín en 1854. Su padre, sir William Wilde, fue un afamado médico que llegó a convertirse en el oculista de la reina Victoria; su madre, Jane Francesca Elgee, era una nacionalista irlandesa que escribió, bajo el seudónimo de Speranza, artículos revolucionarios en los que llamaba a los irlandeses a levantarse contra Inglaterra.

 

Oscar fue educado en prestigiosos y estrictos colegios, Portora Royal School de Enniskillen,  Trinity College de Dublín  donde estudió a los clásicos hasta 1874 Su rendimiento sobresaliente lo llevó a ganar tres años más tarde la "Medalla de Oro Berkeley", el mayor premio para los estudiantes de clásicos de este colegio, por su trabajo en griego  sobre poetas griegos,   y Magdalen College de Oxford,   Su poema Ravenna le permitió adjudicarse el "Oxford Newdigate Prize" en junio de1878. Finalmente, en noviembre de 1878 obtuvo el título de Bachelor of Arts  graduándose con la mayor nota posible.

 

Wilde, un apasionado del movimiento estético, se preocupó mucho de su apariencia. Aunque algunos lo admiraban e imitaban, otros muchos lo tacharon de ridículo.


En el Magdalen College, Wilde se dejó el pelo largo, despreciaba los deportes llamados “masculinos” y decoró sus habitaciones en el College con plumas de pavo real, lirios, girasoles y porcelana erótica. En sus trajes siempre llevaba una flor en el ojal. Oscar escogió dos flores que  pusieron de moda: el girasol y el lirio. Cuando la flor era demasiado grande para el ojal, la llevaba en la mano. En   ocasiones,  vestía pantalón corto y medias de seda.

Sin embargo, su estilo fue abriéndose camino en algunos sectores de la sociedad inglesa que comenzaron a imitar su actitud lánguida y su extraño vestuario: traje negro con chaqueta de terciopelo, camisa con cuello a lo Byron, chorrera y puños de encaje, zapatos de charol con hebillas de plata y una chalina verde o roja. Evidentemente el humor inglés no podía desaprovechar a un personaje tan original. La prensa británica se encarnizó con él, pero estos ataques, más o menos ingeniosos, no hicieron sino darle mucha más publicidad.

 


En Londres conoció a Constance Lloyd, hija de Horace Lloyd, consejero de la reina. Durante una visita de Constance a Dublín en la que ambos coincidieron . Finalmente, se casaron el 29 de mayo de 1884.    La pareja tuvo dos hijos: Cyril, que nació en junio de 1885, y Vyvyan, nacido en noviembre de 1886.

Wilde, a pesar de las críticas, cosechó un gran éxito durante su vida. Tuvo la suerte de ver cómo gustaban sus libros de poemas, sus obras teatrales y era recibido en las mansiones de las familias más distinguidas. Fue también invitado a dar conferencias, algunas de ellas en los Estados Unidos.

 

Tuvo un enorme éxito en Nueva York, Filadelfia o Boston. En esta última ciudad unos estudiantes de Harvard quisieron boicotear su conferencia y aparecieron vestidos de forma ridícula, intentando parodiar la indumentaria de Wilde, con pelucas de largos cabellos y lirios o girasoles en los ojales. Sin embargo, Wilde, que estaba avisado, vistió un sencillo y elegante traje de etiqueta. Se dirigió a los estudiantes elogiando su elegancia y, una vez que terminó la conferencia, su encanto personal y la brillantez de sus palabras cautivaron a todo el público, especialmente a aquellos bromistas estudiantes.

 

Él recordaría con mucha más admiración la conferencia que dio en Leadville, en las Montañas Rocosas, a rudos e incultos mineros. Wilde contó que en el salón de baile y bar había un cartel, colocado sobre el piano, en el que se leía:

 "Se ruega al público no dispare contra el pianista, que lo hace lo mejor que puede"

 

En 1895, cuando se encontraba en el momento más culminante de su carrera, invitado de honor en las familias más influyentes y distinguidas, se convirtió en el protagonista de uno de los procesos judiciales más famosos del siglo, que escandalizó a la sociedad de la Inglaterra victoriana. Wilde, mantuvo una relación con Lord Alfred Douglas, y el padre de éste, el marqués de Queensberry, lo acusó.  Fue declarado culpable en el juicio y condenado a dos años de trabajos forzados. Sin embargo, Lord Alfred Douglas no fue perseguido ni condenado.

 

 


 

Su dura experiencia en prisión la recogió en dos obras: De Profundis, que no fue publicado de forma íntegra hasta el año 2000, cien años después de la muerte deWilde, a instancias de su nieto Merlin Holland,  carta llena de resentimiento dirigida a Lord Alfred Douglas, y Balada de la cárcel de Reading, poema conmovedor que le inspiró el  ahorcamiento de un compañero, un soldado  de caballería de la Guardia Azul, que  había matado  por celos a su mujer.

Cuando, finalmente, Wilde salió de prisión, desengañado y marginado por la sociedad inglesa, decidió pasar el resto de su vida especialmente en París,  bajo el nombre falso de Sebastian Melmoth. 

El Hotel d’Alsace, donde murió Oscar Wilde el 30 de noviembre de 1900, víctima de una meningitis, ha sido reemplazado por L’Hotel, que dedica una de sus habitaciones al escritor, la número 16.


Oscar Wilde. Autor de obras tan inolvidables como El fantasma de Canterville (1887), Un marido ideal (1895), La importancia de llamarse Ernesto (1895) o El retrato de Dorian Gray (1891). Es también célebre por frases tan ingeniosas como:

     "No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme   a mí mismo.   Es  uno de mis  mayores    placeres.  A   menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo" 

A grandes rasgos esta es la historia sobre un excelente escritor y aún mejor ser humano. Un hombre que se atrevió a ser diferente  y sufrió injustamente críticas y  carcel .

 

IRLANDA

Estamos finalizando el año,   y  quería   hacer un  resumen sobre todo lo que he ido escribiendo en este blog   sobre mi queridísima tierra irlandesa….. un  resumen objetivo sobre Irlanda….pero  me  estaba resultando  bastante difícil….. ya que mi objetividad frente a Irlanda  es nula,  tengo que  reconocerlo……

 

Leyendo el National Geographic….  encontré  este  artículo escrito por Rafael  Ramos,  corresponsal de la Vanguardia  en Gran Bretaña….  me pareció  interesante  y lo  transcribo  al blog…

 

IRLANDA

En busca de las mejores pintas de Guinness, el autor nos guía por este país de brumas y costa recortada sin ningún refinamiento, donde realidad y ficción se mezclan sin disimulo.

Por Rafael Ramos
Los viajes empiezan mucho antes de poner el pie en la tierra prometida; cuando surge la idea, se hacen los preparativos y la mente empieza a volar. Incluso hay veces que esa parte es la mejor, ya que la realidad no responde luego a las expectativas. No es el caso de Irlanda.


Mi viaje comenzó en Londres, en un pub irlandés de la Kilburn Road –donde luego supe que miembros de un comando local del IRA se reunían los domingos a tomar la cervecilla–, un día de San Patricio, entre camisetas verdiblancas del Celtic de Glasgow y cánticos de una melancolía abrumadora. Y tras un par de meses de mucha lectura y muchos sueños, en ese estado de agradable anticipación que precede a los viajes, finalmente aterricé en Dublín, con una lista interminable de cosas que ver y hacer, y la llovizna perenne de estas islas.

 



En busca de la tierra prometida

Me instalé en un agradable hotel, propiedad de Bono –el cantante de U2–, a orillas del río Liffey y, ante la mirada perpleja de la concurrencia, desplegué un mapa del país sobre la barra del bar. Un guiri es un guiri en todas partes.
 

De las muchas fórmulas de la felicidad, no conozco ninguna tan infalible como el equilibrio entre uno mismo, su tiempo y su espacio. Tal vez también un poco de amor, pero no hay que ser ambicioso. Lo cierto es que aquella noche lluviosa yo tenía por delante tiempo, espacio y una tierra por descubrir, no quería saber nada del amor y me sentía la persona más feliz del mundo. Sólo necesitaba una ruta, un criterio para mi viaje. Había tomado notas, subrayado y hecho cruces. Sabía muchas cosas sobre Irlanda, pero no sabía por dónde empezar.

 

 


Una de las cualidades irlandesas es que los pubs cierran más tarde que en Inglaterra. Así que cogí los bártulos en busca de inspiración y me dirigí a Dohenny and Nesbitt, un chiringuito encantador de Grafton Street que presume de tener la mejor Guinness de Dublín. Una buena pinta del «oro negro» irlandés requiere una técnica muy sofisticada; entran en juego la temperatura a la que se almacenan los barriles de cerveza, la distancia desde la bodega al grifo, la presión a la que se sirve y el tipo de cristal del vaso; asimismo, tiene que ser a la vez cremosa y suave como el terciopelo. Los dublineses son capaces de pasarse horas discutiendo sobre cuáles son las mejores.

 

En el país hay más de doce mil pubs –más o menos uno por cada quinientos habitantes–, y de repente se me iluminó la bombilla. La búsqueda de las mejores pintas de Guinness de Irlanda era un criterio tan bueno como cualquier otro para recorrer la isla, y un tema que fascina a los nativos. En cuanto dejé flotar la pregunta en el aire se inició una discusión, y no precisamente de borrachos, porque la clientela natural del Dohenny and Nesbitt son políticos, periodistas, ejecutivos y gente del teatro que se relajan a la salida del trabajo. Y en cuanto pagué una ronda todo el bar empezó a bombardearme con nombres y direcciones de establecimientos, desde Wexford hasta Ballyshannon y desde Donegal a Tipperary.
Sin embargo, aún no estaba listo para hacer las maletas y dejar Dublín. Primero tenía que conquistar una capital de medio millón de personas, llena de misticismo y romance, de bruma y poesía.


Dublín, entre pasado y presente
En gaélico se llama «la ciudad del puente sobre el estrecho» (Baile Atha Cliath), aunque no hay ningún puente maravilloso, ni tampoco ningún estrecho. Debió de ser en otros tiempos, porque en Dublín el pasado y el presente, la realidad y la ficción, se entemezclan de una manera enrevesada. Un simple recado para comprar sellos en la Oficina General de Correos de la O’Connell Street es un viaje en el túnel del tiempo hasta el Levantamiento de Pascua de 1916, cuando 150 revolucionarios se alzaron contra el colonialismo inglés, se apoderaron del venerable edificio –en cuya fachada quedan todavía las marcas de las balas– y proclamaron la República irlandesa. La rebelión fue aplastada con facilidad, y catorce de los quince cabecillas fueron ejecutados sin misericordia. El único sobreviviente fue un tal Eamon de Valera, profesor de matemáticas nacido en Estados Unidos, de padre español y madre irlandesa, que se opuso a la partición del país cinco años más tarde y acabó convirtiéndose en el gran padre de la patria.
En mi búsqueda de la «pinta perfecta» –un viaje mucho más intelectual de lo que pueda parecer– encontré una ciudad de fabulosas mansiones georgianas de un ladrillo rojo que resalta especialmente bajo el cielo gris, con banderas tricolores, fotos del Papa e imágenes de la Virgen en las ventanas; clasista, pero con un clasismo menos aparente que el inglés; elegante, y con un estado de ánimo tan variante como el tiempo. Seguí los pasos de Joyce y de Yeats, de Swift y de O’Casey, de Wilde y de Shaw.


Fútbol con sabor irlandés

Y cuando quise descansar de tanta literatura, compré una entrada para un partido de fútbol en el estadio de Lansdowne Road, fiándome de la buena fe del revendedor porque todo estaba escrito en gaélico. Los irlandeses son pillos, y resultó que me habían cobrado una pequeña fortuna por un boleto especial para estudiantes, en el gallinero del campo. Cuando llegué a mi sitio, el acomodador me guiñó un ojo: «Un poco mayorcito para ir al colegio, ¿no? Pase, pero no tape a las criaturas». En el descanso de aquel Irlanda-Bélgica me tomé la mejor pinta de cerveza de todo el viaje, y no fue una Guinness.
 

 


Un coche de alquiler con el volante a la derecha, un mapa de carreteras, colinas con ruinas de viejas abadías en lo alto, imponentes castillos como el de Kilkenny –de la dinastía de los Butler, que están emparentados con Anna Bolena y Enrique VIII y cuyos herederos viven en Chicago–, praderas tan verdes que debe de haber alguien sacándoles brillo, torres de iglesia, ruinas prehistóricas, leyendas de milagros y druidas, un sorprendente sol de primavera y tiempo por delante. ¿Se puede pedir algo más?
Próxima parada, Cork, donde me habían hablado de un pub de la Patrick Street que tal vez no tenga la mejor pinta de Guinness del mundo –un viaje demasiado largo desde la fábrica en Dublín–, pero que frecuenta el futbolista del Manchester United Roy Keane, una de las grandes celebridades irlandesas.

 

Lugar de retiro para famosos


Cork, la segunda ciudad del país, es en realidad como un pueblo grande, de alegres colores pastel, que presume de ser el París de Irlanda, aunque la comparación es francamente desafortunada. El único paralelismo que se me ocurre es que atrae a las estrellas de cine inglesas y norteamericanas, que han convertido la región en una especie de Beverly Hills con indescriptibles mansiones. El problema es que las enormes limousines blancas no caben en las anoréxicas carreteras rurales de curvas y más curvas, con vistas al Mar Celta; aquí, los rebaños de ovejas tienen prioridad sobre los coches.
Además de una ciudad agradable, Cork es la puerta al sudoeste de Irlanda, una tierra húmeda, acariciada por la corriente del golfo, y separada de Estados Unidos por miles de kilómetros de un mar con frecuencia brutal, sin ninguna barrera que suavice sus golpes. Me detengo en Kenmare –la capital gastronómica del país, con las ostras más frescas y las vieiras más hermosas del mundo–, pero antes, fiel a mi cruzada, pruebo la cerveza local en un pub de la calle Mayor. En la barra hay un par de sacerdotes picando patatas fritas con sal y vinagre. En una mesa, al fondo, observo a un grupo de monjas dicharacheras, charlando y riendo alegremente. ¿Es acaso imaginable una escena más irlandesa?

 

Irlanda es hoy una sociedad moderna y joven, con una economía dinámica que ha sacado un buen partido de la Unión Europea, fuerte inversión americana, alta tecnología y una renta per cápita superior a la británica. Pero la Iglesia católica sigue siendo una institución casi tan poderosa como el propio Estado, entre otras razones porque estaba ya allí, como la única expresión institucional del nacionalismo, cuando no había Estado.

Un país católico hasta la médula
La Iglesia controla casi por completo escuelas, hospitales y universidades, ha frenado las reformas en materia de divorcio y aborto, y un 86% de los habitantes asegura –sea cierto o no– que van a misa por lo menos una vez por semana. Conceptos como la penitencia, el martirio y la redención son parte del alma irlandesa.

 

 


Vuelta a la carretera, a disfrutar de las inclinadas praderas rocosas salpicadas de lagos del Anillo de Kerry, la bahía de Dingle y los imponentes acantilados de Moher. Sigue haciendo sol; Irlanda me trata bien. Pruebo la cerveza de Galway y Limerick –la ciudad de Las cenizas de Ángela–, y llego en ferry hasta las islas Aran.
En la península de Connemara, uno de los últimos bastiones del idioma gaélico, me quedo un par de días para dar largos paseos por su paisaje amenazador y sombrío, de un verde profundo, campos cicatrizados por muros de piedra y millones de ovejas. Pienso que es aquí donde me gustaría vivir, pensar, recrearme en los recuerdos, tal vez escribir esa novela. En el pub de Clifden no tomo Guinness, ni una cerveza rubia, ni whiskey irlandés; los locales insisten en que pruebe un explosivo licor hecho a base de cebada, levadura, agua y azúcar que se hizo popular en los tiempos de la prohibición.

 


La frontera con Irlanda del Norte es invisible, una maquinación política de la partición que ni siquiera respeta los accidentes geográficos y a veces incluso divide granjas cuyos propietarios dicen orgullosos que «duermen con la cabeza en el Reino Unido y el corazón en Irlanda».

 

 

La partición del territorio
No hay ningún aviso, ni puesto de aduanas. De repente, después de bastantes kilómetros, se advierte que las cabinas telefónicas son rojas, los buzones de correos llevan el emblema real y los bancos se llaman Barclays. El cambio es evidente cuando se llega al primer pueblo grande, porque el cuartel de policía es una fortaleza envuelta en alambre de espino y protegida con sacos de arena. Y no digamos en Belfast, donde las fachadas de muchas casas son murales del IRA o los paramilitares lealistas, y enormes planchas de acero irónicamente llamadas «murallas de la paz» separan los barrios católicos de los protestantes.
Del norte irlandés sólo me queda ver una atracción turística, la Calzada del Gigante. Pero antes, harto ya de cerveza, hago una escala en la destilería de whiskey Bushmills, la más antigua del mundo. Y tal vez sea el efecto del licor, o tal vez no, pero me creo a pies juntillas la leyenda de que un gigante celta colocó las treinta y siete mil columnas hexagonales de basalto para visitar por las noches a una novia que tenía en alguna isla del Atlántico Norte, en Islandia, en la costa escocesa, o quizás en Noruega. ¿Por qué no? Los viajes, al fin y al cabo, son sueños.

 



Regreso a Dublín, doblo los mapas y guardo los libros. Para despedirme, vuelvo al mismo pub de la Grafton Street donde empecé el viaje. Algunas caras me resultan conocidas pero nadie me saluda. No tengo ganas de enrollarme. Llueve. Pido mi última media pinta de Guinness, simplemente por ser fiel a la tradición, y reconozco que soy incapaz de decir si es mejor o peor que cualquier otra. Esa sabiduría se la dejo a los irlandeses.

 


 

 

 


Encantadora alma irlandesa

 

Lo que sí he descubierto es un país joven y alegre, donde se bebe mucho y se habla más; con gente dinámica y a la vez melancólica que sabe ridiculizarse a sí misma y tiende a exagerar, inocente y cruel, capaz de dar el alma y de matar por un símbolo, de soñadores y literatos, de escudos y leyendas, en conflicto permanente, marcada a fuego por el catolicismo, llena de pecados y de penitencia. Irlanda es un país trágico y sorprendentemente optimista.

 

 

Recuerdo lo que me dijo unborracho en un pub cualquiera de los visitados: «Sólo hay que preocuparse de dos cosas, o estás sano o estás enfermo. Si estás sano no hay de qué preocuparse. Si estás enfermo hay dos cosas de qué preocuparse, o te vas a curar o te vas a morir. Si te vas a curar no hay de qué preocuparse. Si te vas a morir hay dos posibilidades, o irás al cielo o irás al infierno. Si vas al cielo no hay de qué preocuparse. Y si vas al infierno estarás tan ocupado saludando a los amigos que no tendrás tiempo de preocuparte de nada». Excepto, quizá, de dónde se bebe la mejor Guinness del mundo. A su salud.
    

El Pub Irlandés – The Irish Pub-

 
Here there are no strangers, there are only friends who have not met yet. -Aquí no hay extraños, sólo hay amigos con quienes todavía no nos hemos encontrado-
Esta frase, en muchos pubs irlandeses, resume perfectamente nuestro carácter, amistoso y muy muy curioso. En un pub irlandés jamás te encontrarás solo. Pero, no nos detengamos a mirar desde fuera… Entremos al pub… Abres la puerta y, ¿qué te encuentras? alegría, música del lugar, animación general, gente que no para de hablar a menudo levantando la voz para poder oírse entre la música, y hasta hace relativamente poco…. humo..mucho humo de cigarrillos pero……. ¡En los pubs ya no se puede fumar! Es cierto, desde el 29 de marzo de 2004 está prohibido fumar en locales públicos en toda la República de Irlanda .

 

 

 

 

 

 

La gente, ahora sin humos, no para de hablar, las pintas de cerveza…. casi siempre Guinness van de un lado para otro en manos de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres… Todo es colorido, -aunque normalmente el pub no estará demasiado iluminado- y diversión… Intentas pasar al interior y te ves obligado a abrirte paso entre una auténtica muralla humana que, al igual que tú, lucha por llegar hasta la barra… Es normal: estás en Dublin y son las diez de la noche de un sábado… Tal vez sea uno de los peores momentos para entrar en un pub… Lo lógico hubiera sido intentarlo unas horas antes, a eso de las siete, cuando la gente comienza a invadir estos lugares que, más que bares, son auténticas instituciones sociales en las que se dan cita gente de todos los tipos: ricos y no tan ricos, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, incluso familias enteras… Para un irlandés, el pub es su segundo hogar.

 

 

 

 

Su nombre viene de public house. Eso lo dice todo. Esto suele ocurrir en los pubs de ciudades como Dublín, en ciudades y pueblos mas pequeños, y en el caso de que entres sin compañía, no estarás mucho tiempo solo delante de tu pinta de Guinness. Recuerda que, por mucho que quieras pasar desapercibido, ellos que se conocen casi de toda la vida verán que eres nuevo por allí, y como somos tan curiosos, es seguro que alguien se te acercará y comenzará a darte charla para conocerlo todo sobre ti. Si eres una chica y algún chico empieza a darte la lata, no te lo tomes a mal, ya que normalmente no irá con segundas intenciones no lo mires mal, por que únicamente tratará de hacer amistad contigo.

 

 

 

 

 
Si se bebe en grupo, cada uno paga una ronda, hasta que todos hayan pagado la suya. El problema es que los grupos suelen ser bastante numerosos. Cuando el grupo es grande, se suele hacer un fondo-pool-y se bebe hasta que se acaba. Muchos jóvenes se dedican a hacer un recorrido por sus pubs favoritos, pagando cada uno de ellos una ronda en cada pub a esta actividad se la conoce como pub crowl. En el pub no sólo se bebe… En la mayor parte de ellos también se puede comer a mediodía, y en algunos incluso se hacen cenas, aunque no es lo normal. Cuando llegues a la barra, nada de llamar la atención del camarero levantando la mano o de cualquier otra forma.

 

 

 

 

 

 

El barman es un auténtico conocedor de su trabajo y de cada milímetro cuadrado de su barra, y sabrá el orden correcto de llegada de cada cliente. Cuando sea tu turno, él se dirigirá a ti, claro que también es posible que en algún pub de Dublin esto no sea del todo así, ya que las costumbres extranjeras han hecho que algunos lugares pierdan parte de su encanto y tradiciones originales. Si pides una Guinness , no te pongas histérico cuando veas que el camarero llena sólo media pinta y la deja en el mostrador lejos de tu alcance y se va a atender a otros clientes que llegaron después… . La cerveza Guinness ese mágico y negro elixir curalotodo de Irlanda, es algo que necesita reposo….se necesitan dos tiradas para servir una pinta. No te preocupes, que el barman te servirá tu Guinness en cuanto esté lista… o casi, ya que deberás esperar a que toda la espuma suba a la superficie. O sea, que demostraras que eres un novato si te pones a darle sorbos en cuanto te la pongan delante.

 

 

 
Cuando te inviten, algo que sucederá, a menos que seas bastante antisocial no insistas en pagar la primera ronda: ¡te están invitando de verdad! Tranquilo, que ya te llegará el turno de pagar tu ronda . ah y eso sí…. bebe tan deprisa como el irlandés que tengas a tu lado…. aunque es muy probable que te sea difícil seguir su ritmo Dicen que los irlandeses tienen buena voz (o casi todos,) y no sentimos ningún tipo de vergüenza al cantar en público. Claro que, después de un par de pintas de Guinness, tú tampoco la tendrás cuando te llegue el momento de cantar . La música varía bastante de un pub a otro… La música suele ser algo espontáneo, algo que surge de forma natural…

 

 

 

 

Por poner un ejemplo, puede que el dueño del pub tenga puesto algún disco de cualquier tipo de música cuando empieza a llegar gente al local, sin previo acuerdo, aparece alguien que saca un fiddle -violín- en algún oscuro rincón y empieza a afinarlo… luego se le une otra persona hombre o mujer y saca otro fiddle… ambos dicen: "¿Por qué no tocamos aquello de…?". Y empiezan a tocarlo. El dueño quita el disco… La gente empieza a escucharlos… alguien saca una flauta, otro comienza a tocar un whistle… luego llega otro con un bodhrán -una especie de tambor del que escribiré próximamente -….alguien se pone a cantar… al final de la canción, la gente aplaude… alguien invita a los músicos… estos, agradecidos, vuelven a tocar otro tema… y así una y otra vez hasta el final de la velada . Este tipo de acontecimiento se llama seisiún en irlandés.

Parte del texto ha sido recopilado de la red, y de la guia Routard