Mizen Head – Carn Uí Néid-

Otro   espectacular lugar que Irlanda nos regala para disfrute de nuestros sentidos….   Mizen Head,  situado  en el punto mas occidental al sur de Irlanda, nos  encontramos con uno de los tantísimos faros que ayudan a los navegantes que se aproximan a las costas  irlandesas.

                                        

El  faro, está situado sobre un islote,  rodeado de imponentes  acantilados y unido a tierra firme mediante un puente de estructura de hierro, aunque  esta muy protegido  impresiona bastante cruzarlo, te  sientes un poco en el aire, su considerable altura y las bravas olas del Océano atlántico  batiendo  sobre las rocas,  y bajo tus pies…impresiona bastante,  es  magnifico , hay   veces  que su fuerza es  tal,  sobre todo los dias de viento que suelen ser allí bastante   frecuentes,  que gotas de espuma suben hasta la  base  del  faro.

                                       

 

 

 

Para llegar al faro, hay un bonito paseo por la montaña, bordeando en todo momento el mar… lo llaman los 99 pasos. Flores silvestres que en época de primavera y verano son  muy abundantes, dan un colorido especial  a  estas montañas  y praderas, que normalmente están siempre verdes.

También es  fácil  ver delfines, focas, y  alguna ballena….no siempre se tiene la suerte, pero son  aguas muy visitadas por  estos animales tan  espectaculares.

 

 

 

 

Una vez cruzado el puente, a pocos  metros  llegamos al  faro, que no  es  muy  alto, la altura para su visibilidad  se la  da en sí  la roca donde está situado. Las vistas desde allí  son preciosas, el océano se presenta en todo su esplendor mires por donde mires, te sientes rodeado por el mar…y la impresión que se tiene allí  arriba al lado del faro, …es que  estuvieras  en un gran  barco cruzando el océano.

 

                                        

Como es habitual en Irlanda, lo mas probable,  es que el dia no sea precisamente soleado, sino  nublado y con esa luz especial que se filtra por las nubes..pero como ya  he dicho en alguna otra ocasión,  esto no hace mas que acentuar la belleza  del lugar.

 

                                         

Sí, los días soleados en Irlanda se celebran bastante, pero particularmente prefiero los días de neblina, suave lluvia, y  nubes oscuras, que matizan esa luz  especial que  solo se puede disfrutar en Irlanda.

 

 

 

Skellig Michael – Sceilig Mhichíl -Un Monasterio entre el Cielo y el Mar-

Es un lugar increible, imponente, un tesoro mas con el que nos sobrecoje nuestra verde Erin. Se trata de  Skellig Michael, -Sceilig Mhichíl,  en irlandés- uno de los más enigmáticos y distantes lugares sagrados de toda Europa.

 

Una isla rocosa a unos 15 Km.  frente a Portmagee   en la costa  suroeste  del condado de Kerry. En la cumbre de esta impresionante roca se encuentra un asentamiento monastico del siglo VI.  En este increible lugar  se cree que fue  St. Fionán quien fundó  el monasterio en el año 588, monje que pertenecia a la comunidad de St. Brendan el Navegante.  

 

 

Un monasterio celta irlandés, que está situado casi en la cumbre de la roca, rodeado por el océano Atlántico y donde los monjes vivieron 600 años.  Pero, incluso aquí, en este remoto lugar no fueron capaces de escapar de los vikingos que  saquearon el monasterio en el siglo IX  y varias veces después. También conocido como Gran Skellig, es uno de los más fantasticos  y aún menos accesibles monasterios medievales.

El pequeño grupo de seis choza (clochans), dos oratorios y pequeñas terrazas, se encuentra  a 200 metros sobre el nivel del mar, después de una fuerte subida de 600 escalones de piedra. Orientado hacia el sur y al abrigo de los vientos, el sitio fue utilizado por los monjes ermitaños para alejarse de la vida normal y hacer una vida contemplativa, y de oración.

 

Las cabañas  estan construidas del unico material posible, la misma roca. Vistas desde el exterior parecen ser redondas, pero  sus interiores son rectangulares con paredes curvándose hacia adentro para formar un  techo voladizo,  y hay  unos  estantes que utilizaban  para dormir, y una especie de basares  adosados en las paredes. Construyeron en la piedra terrazas alrededor de las cabañas y  fueron utilizadas para el cultivo de hortalizas, que junto con los peces del mar y los huevos de  las abundantes aves, fueron los principales suministros de alimentos de los monjes. En una cima rocosa más arriba en la punta sur de Skellig, llamado el ‘Needle’s Eye " -El ojo de Aguja-, hay un oratorio, inaccesibles hoy, que fue  destino de peregrinación, incluso después de que los monjes abandonasen el lugar.

 

El monasterio fue abandonado alrededor del año 1100. A partir del año  1500, Skellig Michael se convirtió en un popular destino de peregrinaciones anuales, pero no atrajo nunca mas a residentes permanentes.

 

Subir a la cima, se convierte en un reto, sus 600  escalones lo forman  un camino  mucho mas precario de lo que me habia imaginado,  a veces dejando sólo acantilados escarpados al borde del camino que al no  ser  excesivamente anchos, no sé creo que como  un metro, quizá  tenga  mas, pero a mi no me lo parecio, la verdad que la sensacion  es muy fuerte,  se diria que esta como hace 1ooo años, y no hay barandillas, en algunos otros tramos, el ascenso es igual de agotador, pero un poco menos impactante. eso sí, el acompañamiento de algunos frailecillos  hace el ascenso mas agradable.

 

 

 

Para mi fue maravilloso  llegar a la cima, aun con el esfuerzo que supone, es impresionante el entorno natural, la belleza, y la vida silvestre  que desde  alli  se disfruta. Frailecillos y otras aves tienen sus nidos por todas partes de la isla. y no parece que se asusten de las personas.

Imagino como sera una noche  aquí, en una de las cabañas, con lluvia y en otras ocasiones con luna llena, o con una noche  muy estrellada..Se que  es imposible, por que no dan permiso para quedarse en la isla. Me conformo  con haber ascendido por esta escalera hacia el cielo.

 

 

 

Patrimonio  del mundo por la  UNESCO en 1996.

 

 

The Dubliners

Imagen entrañable la de estos barbudos abuelos….pues sí, tras esta imagen esta el grupo musical  mas antiguo de folk irlandés, autentica institución de la música irlandesa. The  Dubliners.

The  Dubliners, una  de las bandas mas legendarias del mundo, que aun siguen activas,  empezo su andadura en  el pub O’Donoghue’s de Dublín en 1962. En aquel momento el nombre del grupo era el de su fundador… "Ronnie Drew Folk Group"  y estaba frormado  por  el propio  Ronnie  -voz y guitarras-, Luke Kelly -voz, banjo cinco cuerdas, y guitarra-, Barney Mckenna – Banjo tenor,mandolin-,  Ciarán Bourke -voz, guitarra, tin whistle y armónica-… y John Sheahan -fiddle, tin whistle, mandolin, concertina, guitarra y voz-.

Cuentan  que  Ronnie Drew, no estaba muy conforme con el nombre del grupo…y fue Luke Kelly  que en ese momento estaba leyendo la novela de James Joyce, "The Dubliners"….quien sugirio la idea de adoptar  el nombre de esta  novela… desde ese momento fueron  "The Dubliners."

El grupo  que solo pretendia  pasar buenos ratos haciendo música  en el pub sin mas pretensiones, se consolida como  The Dubliners,  cuando  en el festival de Edimburgo Joseph Nathan, de la discografica Transatlántica Records, les ofrece la primera grabación.  

En 1967 llegó su gran salto, como resultado de una coincidencia.  Su canción, "Seven Drunken Nights",  fue emitida por una estación de radio pirata y  sonó junto con The Beatles, The Mamas and The Papas, The  Who, Kinks y Jimi Hendrix. De repente, la banda The Dubliners  fue una de las principales, sonaba en todo el mundo, y llego recibir discos de oro.  "Seven Drunken Nights" -Siete noches Ebrias- un gran exito que precisamente  en su país fue censurado.


Renovaron el estilo de las bandas mas tradicionales y durante casi cinco décadas han inspirado a decenas de grupos de toda condición,  y han vendiendo millones de discos.


1987 resultó ser uno de los mejores – y más activo – años para The Dubliners. Eamonn Campbell se unio al grupo  y junto a "The Pogues" en el popular "Irish Rover" volvieron  a tener gran audiencia, y muchos jovenes que aun no habian nacido cuando el grupo se formó, fueron y son seguidores hasta el momento actual.
 

En una trayectoria tan larga han sucedido muchas cosas entre ellas… sufrieron la perdida de Luke Kelly en 1984, de Ciarán Bourke en 1988, así como  la de Bobby Lynch en 1982 que formo parte del grupo por un tiempo.

Ronnie Drew dejo una temporada el grupo y actuo en solitario de 1995 al 2006, despues volvio a The Dubliners aunque nunca lo dejo del todo…pero ya  en esta fecha le fue descubierto un cancer de garganta…ha  seguido trabajando y   en abril de 2007,fueron editados seis CDs que contienen los relatos de Oscar Wilde narrados por Drew.

Algunas de sus más importantes contribuciones a la banda son el popular "Seven Drunken Nights", su versión de "Finnegan’s Wake", y "la McAlpine Fusiliers".

 

 

 

 

 


Ahora un grupo de grandes músicos estan preparando  un homenaje a Ronnie Drew.

"La Balada de Ronnie Drew". Una canción  que ha sido escrita por Robert Hunter, Bono, The Edge y Simon Carmody para homenajear a Ronnie Drew. El producto de la venta del disco serán donados a una institucion de lucha contra el  cáncer.La canción ya ha sido grabada en un estudio irlandés, Muchos artistas han querido colaborar en  este homenaje, U2, Shane MacGowan, Christy Moore, The Dubliners, The Chieftains, Bob Geldof, Paul Brady, Eleanor Shanley, Damien Dempsey, Ronan Keating, Chris DeBurgh, Eleanor McEvoy, Sinead O’Connor, Mary Black, Brian Kennedy, Mick Pyro, Joe Elliot, Mundy, Paddy Casey, Moya Brennan, Andrea Corr, Jerry Fish and Duke Special.  Está previsto que  la canción  salga a la venta  en marzo’08.  


Donegal – Dún na Gall- Donde las Mareas Dibujan Fugaces Acuarelas

Se tiene la idea de que  Donegal  esta en el lejano norte irlandés, un rincón  poco poblado… y por supuesto donde la mayoría de visitantes no suele llegar.. si acaso lo dejan para el final del viaje.. si es que les queda algo de tiempo….y ocurre que al final es una buena idea. Por que permite marcharse con uno de  los mejores recuerdos.  Si alguna vez  decidís visitar Irlanda  espero que  sepáis  encontrar ese tiempo   tan precioso. No os arrepentiréis.

 

Encontrareis  sus aires  rebeldes de clima  caprichoso, agreste y barrido por  el viento… Pero  que sorpresa!  El viento que parecía querer echaros fuera os retine, ahora la lluvia, casi siempre tan intensa, cesa de pronto para ofrecer cinco segundos de un sol que se vuelve más brillante, y los caminos que serpentean por las turberas peladas os guían hacia los paisajes mas inesperados.

 

Donegal debe su  origen como tantas ciudades irlandesas, a los vikingos  su nombre en irlandés  Dún na Gall que significa  algo así como  “fuerte de los extranjeros”  lo que resulta irónico ya que fue el último condado de  Irlanda en someterse a Inglaterra. .  
 

 

Fue la capital de los  O’Donnell, cuyas luchas por el poder con los O’Neill marcaron la historia del Ulster durante mil años, hasta que  ambas familias se aliaron en lo que fue el último intento  serio de echar  a los británicos de la isla, la guerra de los Nueva Años, a finales del siglo XVI.  
 

 

El castillo  construido por Hugo O’Donnell en 1474 fue parcialmente destruido durante las guerras angloirlandesas. Al principio  del siglo XVII lo  compro un noble ingles y le añadió una vivienda   estilo Tudor, tiene una bonita torre  de  esquina  que  siempre esta llena de cornejas…   
 

 

El condado  de de Donegal ofrece la mayor variedad de paisajes de toda Irlanda, incluyendo  frondosos bosques, acantilados impresionantes, enormes extensiones de  praderas verdes y mas de  300 km de costas  recortadas ofreciendo un paisaje único  en el que  es fácil imaginar la duras condiciones de vida de la zona.   
 

Uno de   estos deliciosos lugares es el  Lough Eske,  es un  precioso lago al pie de las  Snack Mountains.  Aquí  se siente la  Irlanda eterna  en toda su humilde majestad, los paseos en el  bosque cercano al lago,  con  cantidad de torrentes que acompañan los  senderos… incluso  bajo la lluvia… os puedo asegurar que   es  un momento único.

 

La costa rocosa se entrecorta de pequeñas playas de arena dorada,   y  los  montes que las rodea  están salpicados de ovejas….. dando la impresión que  por la mañana tempranito,   nos  dedicásemos a poner  ahí  las  ovejitas para que decoren el paisaje….   Hay  algunas  granjas aisladas y  bosquecillos de fucsias  silvestres,  esta flor  es  muy  abundante en Irlanda.

 

La belleza salvaje de la costa de Donegal se manifiesta en la  bravura del  mar…. las olas que chocan contra las rocas  dan  la impresión de poder arrastrarlas en poco tiempo al fondo del mar.  
 

 

La bahia es profunda y está bastante protegida.  Por ello  aquí se han formado muchas  playas  arenosas y  muy grandes.  Es sorprendente  el contraste del color del mar en las lenguas de tierra que emergen del fondo. Donde  mejor se observa  es en la desembocadura del río Gwebarra… Numerosas corrientes dibujan en la arena  espirales de colores a lo largo del estuario del río, que tiene arenas blanquísimas  y   aguas cristalinas.
 
 

Podriamos decir que  fuera el sueño de un artista,  es el lugar en que se  mezclan las aguas  saladas  y dulces, la arena se adentra en el mar y los colores ocres se diluyen  en los azules….. Sobre las numerosas playas  que hay  en el estuario,  la marea  dibuja fugaces acuarelas…. Verde, gris ocre y  azul… son los  colores con los que la naturaleza ha decidido pintar  las costas de Donegal

 

 

 

 

 

Después de estar….. en  este fin del  mundo… único e irrepetible… os  arriesgáis a no poder… a no querer marcharos…

 

 

Glendalough -Gleann dá Logh- Valle de los dos Lagos

Otro lugar para perderse….


En Wicklow, al sur  de sus montes, donde todos los paisajes y colores de Irlanda se concentran, donde solitarios valles, bosques, lagos  y senderos secretos se suceden,  a veces entrecortados por verdísimas praderas… se encuentra uno de los lugares más místicos, y bellos de Irlanda. Es uno de mis lugares favoritos… pocas cosas  hay como pasear por algunos de estos senderos solitarios…oliendo a hierba y tierra mojada…o caminar al borde de cualquiera de sus lagos. Es una maravilla…  

La  belleza romántica y apacible de Glendadough " El valle de los dos Lagos" parece apartado del mundo… como protegido por sus montañas, este mágico lugar atrajo en el siglo VI a un piadoso ermitaño.. san  Kevin

Kevin, se hizo su casa en una caverna a orillas de uno de los lagos, el que esta situado mas arriba del valle, sentando a su pesar las bases de una gran y gloriosa ciudad monástica.  Esta  caverna – Saint Kevin’s Bed- es accesible en barca.

La mayoría de las construcciones se concentran cerca del lago inferior, en la ciudad monástica. Se  accede a través de la antigua puerta,  el edificio que servia de entrada al monasterio, y desde allí atravesando el cementerio, que bueno… a mi me parece precioso con aquellas piedras y cruces de tantos siglos…bueno es que así contado no se hace uno la idea de lo que se siente estando allí…pues cruzando este cementerio, se llega a la catedral la mas grande de las iglesias de Glendalough construida en el siglo X. Todavía hay tallas originales, aunque me contaron que muchas  han desaparecido.

La torre circular – Round Tower-es la mas conocida de Irlanda, tiene 30 metros de alto, servia de torre de vigía.  En caso de ataque, la pequeña comunidad monástica, se refugiaban en el interior con la ayuda de una escalera de mano…pues la puerta está a tres metros del suelo.  La  leyenda dice que en tiempos de las invasiones vikingas  los monjes escondían  allí su oro.


Cerca, esta el lago de Luggala, también se conoce por  Lough  Tay.  Es uno de los paisajes mas bonitos, aunque es difícil  catalogarlo así  entre tanta belleza….es impresionante ver este lago al alba o al crepúsculo. El lago se extiende en el fondo de un pequeño valle rodeado de altas colinas salvajes. es de una belleza sobrecogedora.

Alguna vez me han contado, que su forma evoca vagamente un  arpa -símbolo de Irlanda-  En una de las orillas, detrás de un  grupo de árboles se esconde una casa de campo irlandesa de la que se adivina apenas la silueta, se trata de Luggala Lounge, el antiguo  pabellón de caza de la familia Guinness -los celebres cerveceros-. Lo mas curioso es que las aguas negruzcas del lago  terminan en una playa de arena color crema….. el conjunto evoca  así una pinta de Guinness…
casualidades….

En 1951 el director de cine John Huston …(del que también escribí en entradas correspondientes al cine de Irlanda) vino   por primera vez a Irlanda invitado por lady Oonagh Oranmore, una de las tres hermanas Guinness. Pasó sus primeras noches en esta mansión construida por los antepasados de lady Oonagh: dice Huston "Al día siguiente, al alba, fui a la ventana y vi un espectáculo que no he olvidado jamás. A través de los pinos descubrí, a orillas de un arroyo, una vasta extensión  cubierta de caléndulas naranjas y más allá !sorpresa! una playa de arena blanca bordeando un lago negro. Supe después que la arena había sido traída de una orilla del mar de Irlanda.  El lago  estaba dominado, vertiginosamente, por una montaña de roca sombría que envolvía como un chal un brezal púrpura. He vuelto a menudo a Luggala, pero esta primera impresión me quedó grabada para siempre. Desde ese instante, Irland
a  me había conquistado".

 
En este lago de Luggala, fue rodado el principio de la película Excalibur – la espada que sale del agua- y el fin de la historia, cuando Perceval la tira a las sombrías aguas del lago.  El combate entre Arturo y  Lancelot, tuvo lugar también en otro rincón de mi queridísimo  Wicklow, un lugar muy bonito que se llama Powerscourt.



IRLANDA

Estamos finalizando el año,   y  quería   hacer un  resumen sobre todo lo que he ido escribiendo en este blog   sobre mi queridísima tierra irlandesa….. un  resumen objetivo sobre Irlanda….pero  me  estaba resultando  bastante difícil….. ya que mi objetividad frente a Irlanda  es nula,  tengo que  reconocerlo……

 

Leyendo el National Geographic….  encontré  este  artículo escrito por Rafael  Ramos,  corresponsal de la Vanguardia  en Gran Bretaña….  me pareció  interesante  y lo  transcribo  al blog…

 

IRLANDA

En busca de las mejores pintas de Guinness, el autor nos guía por este país de brumas y costa recortada sin ningún refinamiento, donde realidad y ficción se mezclan sin disimulo.

Por Rafael Ramos
Los viajes empiezan mucho antes de poner el pie en la tierra prometida; cuando surge la idea, se hacen los preparativos y la mente empieza a volar. Incluso hay veces que esa parte es la mejor, ya que la realidad no responde luego a las expectativas. No es el caso de Irlanda.


Mi viaje comenzó en Londres, en un pub irlandés de la Kilburn Road –donde luego supe que miembros de un comando local del IRA se reunían los domingos a tomar la cervecilla–, un día de San Patricio, entre camisetas verdiblancas del Celtic de Glasgow y cánticos de una melancolía abrumadora. Y tras un par de meses de mucha lectura y muchos sueños, en ese estado de agradable anticipación que precede a los viajes, finalmente aterricé en Dublín, con una lista interminable de cosas que ver y hacer, y la llovizna perenne de estas islas.

 



En busca de la tierra prometida

Me instalé en un agradable hotel, propiedad de Bono –el cantante de U2–, a orillas del río Liffey y, ante la mirada perpleja de la concurrencia, desplegué un mapa del país sobre la barra del bar. Un guiri es un guiri en todas partes.
 

De las muchas fórmulas de la felicidad, no conozco ninguna tan infalible como el equilibrio entre uno mismo, su tiempo y su espacio. Tal vez también un poco de amor, pero no hay que ser ambicioso. Lo cierto es que aquella noche lluviosa yo tenía por delante tiempo, espacio y una tierra por descubrir, no quería saber nada del amor y me sentía la persona más feliz del mundo. Sólo necesitaba una ruta, un criterio para mi viaje. Había tomado notas, subrayado y hecho cruces. Sabía muchas cosas sobre Irlanda, pero no sabía por dónde empezar.

 

 


Una de las cualidades irlandesas es que los pubs cierran más tarde que en Inglaterra. Así que cogí los bártulos en busca de inspiración y me dirigí a Dohenny and Nesbitt, un chiringuito encantador de Grafton Street que presume de tener la mejor Guinness de Dublín. Una buena pinta del «oro negro» irlandés requiere una técnica muy sofisticada; entran en juego la temperatura a la que se almacenan los barriles de cerveza, la distancia desde la bodega al grifo, la presión a la que se sirve y el tipo de cristal del vaso; asimismo, tiene que ser a la vez cremosa y suave como el terciopelo. Los dublineses son capaces de pasarse horas discutiendo sobre cuáles son las mejores.

 

En el país hay más de doce mil pubs –más o menos uno por cada quinientos habitantes–, y de repente se me iluminó la bombilla. La búsqueda de las mejores pintas de Guinness de Irlanda era un criterio tan bueno como cualquier otro para recorrer la isla, y un tema que fascina a los nativos. En cuanto dejé flotar la pregunta en el aire se inició una discusión, y no precisamente de borrachos, porque la clientela natural del Dohenny and Nesbitt son políticos, periodistas, ejecutivos y gente del teatro que se relajan a la salida del trabajo. Y en cuanto pagué una ronda todo el bar empezó a bombardearme con nombres y direcciones de establecimientos, desde Wexford hasta Ballyshannon y desde Donegal a Tipperary.
Sin embargo, aún no estaba listo para hacer las maletas y dejar Dublín. Primero tenía que conquistar una capital de medio millón de personas, llena de misticismo y romance, de bruma y poesía.


Dublín, entre pasado y presente
En gaélico se llama «la ciudad del puente sobre el estrecho» (Baile Atha Cliath), aunque no hay ningún puente maravilloso, ni tampoco ningún estrecho. Debió de ser en otros tiempos, porque en Dublín el pasado y el presente, la realidad y la ficción, se entemezclan de una manera enrevesada. Un simple recado para comprar sellos en la Oficina General de Correos de la O’Connell Street es un viaje en el túnel del tiempo hasta el Levantamiento de Pascua de 1916, cuando 150 revolucionarios se alzaron contra el colonialismo inglés, se apoderaron del venerable edificio –en cuya fachada quedan todavía las marcas de las balas– y proclamaron la República irlandesa. La rebelión fue aplastada con facilidad, y catorce de los quince cabecillas fueron ejecutados sin misericordia. El único sobreviviente fue un tal Eamon de Valera, profesor de matemáticas nacido en Estados Unidos, de padre español y madre irlandesa, que se opuso a la partición del país cinco años más tarde y acabó convirtiéndose en el gran padre de la patria.
En mi búsqueda de la «pinta perfecta» –un viaje mucho más intelectual de lo que pueda parecer– encontré una ciudad de fabulosas mansiones georgianas de un ladrillo rojo que resalta especialmente bajo el cielo gris, con banderas tricolores, fotos del Papa e imágenes de la Virgen en las ventanas; clasista, pero con un clasismo menos aparente que el inglés; elegante, y con un estado de ánimo tan variante como el tiempo. Seguí los pasos de Joyce y de Yeats, de Swift y de O’Casey, de Wilde y de Shaw.


Fútbol con sabor irlandés

Y cuando quise descansar de tanta literatura, compré una entrada para un partido de fútbol en el estadio de Lansdowne Road, fiándome de la buena fe del revendedor porque todo estaba escrito en gaélico. Los irlandeses son pillos, y resultó que me habían cobrado una pequeña fortuna por un boleto especial para estudiantes, en el gallinero del campo. Cuando llegué a mi sitio, el acomodador me guiñó un ojo: «Un poco mayorcito para ir al colegio, ¿no? Pase, pero no tape a las criaturas». En el descanso de aquel Irlanda-Bélgica me tomé la mejor pinta de cerveza de todo el viaje, y no fue una Guinness.
 

 


Un coche de alquiler con el volante a la derecha, un mapa de carreteras, colinas con ruinas de viejas abadías en lo alto, imponentes castillos como el de Kilkenny –de la dinastía de los Butler, que están emparentados con Anna Bolena y Enrique VIII y cuyos herederos viven en Chicago–, praderas tan verdes que debe de haber alguien sacándoles brillo, torres de iglesia, ruinas prehistóricas, leyendas de milagros y druidas, un sorprendente sol de primavera y tiempo por delante. ¿Se puede pedir algo más?
Próxima parada, Cork, donde me habían hablado de un pub de la Patrick Street que tal vez no tenga la mejor pinta de Guinness del mundo –un viaje demasiado largo desde la fábrica en Dublín–, pero que frecuenta el futbolista del Manchester United Roy Keane, una de las grandes celebridades irlandesas.

 

Lugar de retiro para famosos


Cork, la segunda ciudad del país, es en realidad como un pueblo grande, de alegres colores pastel, que presume de ser el París de Irlanda, aunque la comparación es francamente desafortunada. El único paralelismo que se me ocurre es que atrae a las estrellas de cine inglesas y norteamericanas, que han convertido la región en una especie de Beverly Hills con indescriptibles mansiones. El problema es que las enormes limousines blancas no caben en las anoréxicas carreteras rurales de curvas y más curvas, con vistas al Mar Celta; aquí, los rebaños de ovejas tienen prioridad sobre los coches.
Además de una ciudad agradable, Cork es la puerta al sudoeste de Irlanda, una tierra húmeda, acariciada por la corriente del golfo, y separada de Estados Unidos por miles de kilómetros de un mar con frecuencia brutal, sin ninguna barrera que suavice sus golpes. Me detengo en Kenmare –la capital gastronómica del país, con las ostras más frescas y las vieiras más hermosas del mundo–, pero antes, fiel a mi cruzada, pruebo la cerveza local en un pub de la calle Mayor. En la barra hay un par de sacerdotes picando patatas fritas con sal y vinagre. En una mesa, al fondo, observo a un grupo de monjas dicharacheras, charlando y riendo alegremente. ¿Es acaso imaginable una escena más irlandesa?

 

Irlanda es hoy una sociedad moderna y joven, con una economía dinámica que ha sacado un buen partido de la Unión Europea, fuerte inversión americana, alta tecnología y una renta per cápita superior a la británica. Pero la Iglesia católica sigue siendo una institución casi tan poderosa como el propio Estado, entre otras razones porque estaba ya allí, como la única expresión institucional del nacionalismo, cuando no había Estado.

Un país católico hasta la médula
La Iglesia controla casi por completo escuelas, hospitales y universidades, ha frenado las reformas en materia de divorcio y aborto, y un 86% de los habitantes asegura –sea cierto o no– que van a misa por lo menos una vez por semana. Conceptos como la penitencia, el martirio y la redención son parte del alma irlandesa.

 

 


Vuelta a la carretera, a disfrutar de las inclinadas praderas rocosas salpicadas de lagos del Anillo de Kerry, la bahía de Dingle y los imponentes acantilados de Moher. Sigue haciendo sol; Irlanda me trata bien. Pruebo la cerveza de Galway y Limerick –la ciudad de Las cenizas de Ángela–, y llego en ferry hasta las islas Aran.
En la península de Connemara, uno de los últimos bastiones del idioma gaélico, me quedo un par de días para dar largos paseos por su paisaje amenazador y sombrío, de un verde profundo, campos cicatrizados por muros de piedra y millones de ovejas. Pienso que es aquí donde me gustaría vivir, pensar, recrearme en los recuerdos, tal vez escribir esa novela. En el pub de Clifden no tomo Guinness, ni una cerveza rubia, ni whiskey irlandés; los locales insisten en que pruebe un explosivo licor hecho a base de cebada, levadura, agua y azúcar que se hizo popular en los tiempos de la prohibición.

 


La frontera con Irlanda del Norte es invisible, una maquinación política de la partición que ni siquiera respeta los accidentes geográficos y a veces incluso divide granjas cuyos propietarios dicen orgullosos que «duermen con la cabeza en el Reino Unido y el corazón en Irlanda».

 

 

La partición del territorio
No hay ningún aviso, ni puesto de aduanas. De repente, después de bastantes kilómetros, se advierte que las cabinas telefónicas son rojas, los buzones de correos llevan el emblema real y los bancos se llaman Barclays. El cambio es evidente cuando se llega al primer pueblo grande, porque el cuartel de policía es una fortaleza envuelta en alambre de espino y protegida con sacos de arena. Y no digamos en Belfast, donde las fachadas de muchas casas son murales del IRA o los paramilitares lealistas, y enormes planchas de acero irónicamente llamadas «murallas de la paz» separan los barrios católicos de los protestantes.
Del norte irlandés sólo me queda ver una atracción turística, la Calzada del Gigante. Pero antes, harto ya de cerveza, hago una escala en la destilería de whiskey Bushmills, la más antigua del mundo. Y tal vez sea el efecto del licor, o tal vez no, pero me creo a pies juntillas la leyenda de que un gigante celta colocó las treinta y siete mil columnas hexagonales de basalto para visitar por las noches a una novia que tenía en alguna isla del Atlántico Norte, en Islandia, en la costa escocesa, o quizás en Noruega. ¿Por qué no? Los viajes, al fin y al cabo, son sueños.

 



Regreso a Dublín, doblo los mapas y guardo los libros. Para despedirme, vuelvo al mismo pub de la Grafton Street donde empecé el viaje. Algunas caras me resultan conocidas pero nadie me saluda. No tengo ganas de enrollarme. Llueve. Pido mi última media pinta de Guinness, simplemente por ser fiel a la tradición, y reconozco que soy incapaz de decir si es mejor o peor que cualquier otra. Esa sabiduría se la dejo a los irlandeses.

 


 

 

 


Encantadora alma irlandesa

 

Lo que sí he descubierto es un país joven y alegre, donde se bebe mucho y se habla más; con gente dinámica y a la vez melancólica que sabe ridiculizarse a sí misma y tiende a exagerar, inocente y cruel, capaz de dar el alma y de matar por un símbolo, de soñadores y literatos, de escudos y leyendas, en conflicto permanente, marcada a fuego por el catolicismo, llena de pecados y de penitencia. Irlanda es un país trágico y sorprendentemente optimista.

 

 

Recuerdo lo que me dijo unborracho en un pub cualquiera de los visitados: «Sólo hay que preocuparse de dos cosas, o estás sano o estás enfermo. Si estás sano no hay de qué preocuparse. Si estás enfermo hay dos cosas de qué preocuparse, o te vas a curar o te vas a morir. Si te vas a curar no hay de qué preocuparse. Si te vas a morir hay dos posibilidades, o irás al cielo o irás al infierno. Si vas al cielo no hay de qué preocuparse. Y si vas al infierno estarás tan ocupado saludando a los amigos que no tendrás tiempo de preocuparte de nada». Excepto, quizá, de dónde se bebe la mejor Guinness del mundo. A su salud.
    

Song for Ireland .Canción para Irlanda.

Llevo tiempo buscando la manera de poder presentaros en mi blog, algunas fotos de Irlanda… sí se que cada entrada la complemento con alguna foto… pero esta vez quería que fuesen las fotos las protagonistas.

Bueno pues hoy por fin de alguna manera lo he conseguido… he tenido que aprender hacer este vídeo, me ha encantado y lo he pasado genial… me costo un poquito pero aquí está …y sinceramente espero que os guste tanto… como yo me he divertido haciéndolo.

 

Tema: Song for Ireland
Grupo: The Dubliners
Fotos y Vídeo: Teamhair