Hoy no escribo en verde

 

No debí haberla escuchado – me confió un día -; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mía perfumaba todo mi planeta, sin embargo no supe gozarlo. La historia de las garras que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme.

En aquel entonces no supe comprender nada! Debía haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Ella me proporcionaba alegría y aroma. Jamás debí haber huido. Debí adivinar su ternura, tras sus inocentes mañas. Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amar.

 

 

El principito,
Antoine de Saint Exupéry

 

De uno de mis libros preferidos